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Tipos de garantías en viviendas alquiladas

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Tradicionalmente se ha utilizado el aval bancario como forma de garantía para la protección de las viviendas que se alquilan. Desde hace ya algún tiempo se está implantando de forma más habitual como forma de garantía el seguro de protección de impagos.

Pero comencemos por definir ambas garantías. En la primera es a través del banco que se garantiza el pago por parte del inquilino. La forma más habitual de realizarlo es tener pignorada en la cuenta una cantidad de dinero, asumiendo una serie de gastos de mantenimiento. De este modo el  propietario, en caso de impago de la renta, podrá exigir ese dinero.

El seguro es una póliza que suscribe el propietario que le protege también en caso de impago de las rentas. Pero incluye, además, otras coberturas adicionales como desperfectos en la vivienda y también asesoramiento legal.

En el primer caso, el aval lo tiene que solicitar el propio inquilino a su banco, y en el segundo caso es el propietario el que promueve la contratación del seguro, aunque repercuta el coste del mismo sobre el inquilino.

En cuanto al coste que representan ambas opciones:

En el aval, hay que abonar al banco un comisión por estudio y apertura del mismo, que suele ser porcentual sobre la cantidad pignorada. Además conlleva normalmente una cobertura de riesgo con carácter trimestral.

En el seguro, se abona una cuantía que ronda el 4% del importe bruto anual del arrendamiento.

Su funcionamiento en caso de impago, es el siguiente:

En caso de aval, basta con el mero requerimiento del propietario solicitando su ejecución, con documentación probatoria del impago.

En caso de seguro, realizaría la mediación frente al impago. A partir del segundo mes de impago, abonaría la renta al propietario, al tiempo que realizaría el asesoramiento legal y las acciones correspondientes de cara a reclamar la deuda.

En definitiva, a la hora de elegir uno u otro, con el tiempo se está configurando como más habitual el seguro, que conlleva la ventaja de proteger respecto a los impagos y a los posibles desperfectos causados. Además, el aval requiere una limitación muy importante para los inquilinos, al tener bloqueadas cantidades de dinero equivalentes a seis meses o más.

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Seguro para propietarios

El seguro de protección de impagos se está implantando cada vez más de cara a proteger a los propietarios de viviendas en alquiler. Pero, ¿qué son y en qué consisten?

Vamos a tratar de explicaros las ventajas e inconvenientes que aporta.

Cualquier propietario de una vivienda que opte por alquilar la misma, debería contratar un seguro que cubra tanto el continente como el contenido así como la responsabilidad civil. Es recomendable conocer las coberturas del seguro de la comunidad de propietarios, de cara a que la póliza que contrates, sea complementaria de la primera sin necesidad de pagar por conceptos duplicados.

En el caso de seguro para inquilinos, es muy recomendable tener un seguro que cubra la responsabilidad civil, cobertura a primer riesgo del continente, y el contenido de la vivienda. La cobertura a primer riesgo del continente nos asegura agilidad para realizar reparaciones importantes que pudieran imposibilitar el uso de la vivienda.

También hay una cobertura muy interesante que permite asistencia legal.

¿En qué momento se puede contratar este seguro? ¿es posible hacerlo una vez que ya se ha alquilado el piso?

No hay inconveniente en que este contrato se firme una vez que el inquilino está viviendo en la vivienda. Se pueden plantear dos posibilidades según el tiempo que lleva viviendo allí:

  • Si lleva más de un año, será suficiente la aportación de un certificado por parte del propietario en el que se refleje que el inquilino se encuentra al corriente del pago de las rentas del alquiler.
  • Se lleva menos de un año, se requiere una declaración del propietario indicando que no hay siniestralidad y la última nómina del inquilino.

Seguro para inquilinos

También para el inquilino es muy recomendable contratar una póliza de seguro. Es aconsejable le para él, pues en casos de siniestro, por ejemplo daños por agua, incendio,… al propietario se le abonarán los daños por parte de su aseguradora, pero después te reclamará a ti el importe de esos daños, cosa que no ocurrirá si tu a su vez tienes tu propio seguro.

En caso de robo, tus objetos no estarían cubiertos por el seguro que tenga contratado el propietario.

También tendrías que abonar las indemnizaciones que se derivaren de la responsabilidad civil si por ejemplo tu mascota causase algún daño, algún objeto cayera  a la calle desde tu vivienda… El seguro con esta cobertura también te eximiría de estos pagos. Esto también cubriría aquellos desperfectos que involuntariamente se pudieran producir en la vivienda.

Otra cobertura interesante, que te protege respecto a daños producidos por terceros es la de asistencia legal.

En definitiva, los seguros se perfilan en la actualidad como la forma de garantía más habitual para los arrendamientos de vivienda, de modo que tanto el impago como los desperfectos quedan cubiertos para el propietario, además del asesoramiento legal. Para el inquilino también representan una tranquilidad respecto a sus pertenencias y los desperfectos o daños que pudiera causar a terceros.

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